A 10 años de tu partida Gladys Marín

Publicado el 01.06.2017 15:06 en Weblogs

 

A pesar del cansancio que significa una campaña presidencial ella siempre estaba atenta a todo lo que sucedía, poniendo especial  atención en que los compañeros que la ayudaban estuvieran bien. Se preparaba ante cada discurso que pronunciaba, inquiriendo detalles de quienes estaban en el acto. La gente no eran números ni votantes eran hombres y mujeres a los cuales escuchaba con atención.

Viví junto a ella en Chillán el ataque a su rostro que una mujer militante  UDI pinochetista, quiso proferirle con Gillette. La vi llorar ante la mentira de una alcaldesa derechista, que expresó que el marido de Gladys no estaba muerto ni desaparecido, sino viviendo como rico en el extranjero. Solos en su oficina recordó a Jorge Muñoz, su compañero. Esa tarde abrió su corazón, leyó algunas cartas, contó de su vida, y  mis ojos llenos de lágrimas hicieron que la abrazara.

La segunda vez que la vi llorar fue cuando de urgencia me llamó para salir hacia la Posta Central, donde había fallecido Sola Sierra. Ante su cuerpo inerte, sus lágrimas rodaban sin consuelo.

Con ella estuve cuando fue agredida frente al Palacio de la Moneda, quedando con  lesiones por las que tuvo que usar cuello ortopédico. A la salida del Palacio de Gobierno, dijo ante  los periodistas “Son unos conchadesumadre”, directa, sin miedo, franca.

Han pasado 10 años de su partida, tiempo que he sentido orfandad, una ausencia que ningún otro político ha despertado en este corazón  de viejo. Pero no ha muerto en mi corazón, y en el del pueblo jamás morirá.

Cuando su ataúd pasó por Morandé, sentí que estaba desangrándome. Dije adiós llorando, como nunca antes lo había hecho. Esa tarde y noche bebí todo lo que pude. Vinieron recuerdos como aquella tarde fría, de lluvia, cuando llamó a mi casa diciendo que fuera a Santa Sofía, su casa. Respondí que no podía por falta de dinero, además de estar en Santiago Centro. Pero argumentó que debía ir, que ella pagaba el taxi. “Cariño – dijo- te regalo este panorama”. La nieve cubría todo, desde el balcón de su casa embelesado admiraba el paisaje. Ella se acercó con un vaso de pisco sour, y en silencio contemplamos.

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